Triste discapacidad

Cuando nuestros ojos no puedan ver, nos vamos a reconocer con las manos y así tocaré tus labios y sabré que eres tú, sentiré las ondas de tu cabello y éstas serán las que siempre han sido mías, recorreré tus contornos, imperfecciones, pliegues y protuberancias y sabré que eres tú a quien siento, a quien veo.

El día en que el sonido ya no pueda penetrar nuestros oídos y la sordera se apodere de ambos, haré una sinfonía con las vibraciones de tu cuerpo. Tomaré la batuta de esta rítmica melodía y con los cuerpos entrelazados cada estremecimiento será una nota, los sudores serán acordes, las oleadas compases rítmicos que nos acercarán y sabré y sabremos que nos escuchamos.

Si la voz nos abandona, y un día así de la nada sólo el silencio sale de nuestras bocas, te miraré extasiada por horas, me encontraré en lo profundo de tus ojos tristes y con esta mirada me contarás tu pasado y me perderé en este presente escuchando sin sonido tus historias. Te miraré en el clímax y sabré que es a mi a quien te entregas, soy yo a la que amas, sabes quien soy y me tienes y me aceptas porque tus ojos me lo dicen a gritos.

Pero cuando nos llegue la incapacidad de amar, de reconocernos en el otro, de no saber si eres tu a quien amo o soy yo a quien quieres, entonces si me encontraré perdidamente inválida pero más tristemente desolada porque seré una discapacitada más, alguien que ya no sabrá cómo amarte o entenderá que me amas porque simplemente no sabremos hacerlo.


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Comentarios

Paloma ha dicho que…
Tan dulce, Nata...

Escritura dulce y hermosa la tuya que me ha llevado a concederte un premio-juego que tienes en mi blog.

Espero que te guste y te animes a participar.

Besos, niña.
Xocas ha dicho que…
Ay !! Esa debe ser la peor de las discapacidades...

Hacía tiempo que no pasaba por esta casita de letras así que voy aaprovechar.

Dejo aquí un beso y un recuerdo por si no se me ocurre nada inteligente que decir, que a veces me pasa.

Espero que todo vaya bien.

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