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Mostrando entradas de agosto, 2016

Y retumba en su centro la tierra

Confieso que he pecado pero sin arrepentimiento, con esas ganas que da la perversión de lo prohibido y que ponen en el rostro esa sonrisa de satisfacción culposa que nos lleva del cielo literal al infierno candente, donde despojados de prejuicios y ropajes absurdos las almas se hermanan y se llevan al hastío incansable.
Y lo confieso porque he de ser franca, ya no puedo seguir guardando este secreto que se me escapa por los ojos, por la piel, por el andar felino que ya se descubre desde que aparezco y arranca el consabido ¡Qué tienes que te ves radiante!
Y eres tú, con esa sonrisa angelical el que ha logrado esta metamorfosis inversa y me sacaste de mi condición de oruga verdosa insignificante y me convertiste en mariposa radiante multicolor.
Si el amor pudiera definirse, se llamaría charla, hermandad, descubrimiento, sorpresa, complicidad, adivinación, porque todo eso mueves dentro de mi ser y mente y así como me llevas a las inmensidades de los pensamientos profundos y contundentes…

Amanecí otra vez

Entremezclada en la inmensidad de mi cama vacía, hoy amanecí soñando con tu abrazo, con tus brazos; esos que alguna vez me prometieron albergue eterno y calidez gozosa. Recordé entre brumas las formas de tu cintura, potente y vigorosa que se acoplaba tan bien a la mía sin preámbulos amatorios porque de pensarme y de pensarte nos disponíamos sin necesidad de salivar.
Mi boca sigue sabiendo a tu boca y sabe dulce y amargosa, sabe a sangre fresca después de la mordida, pero también sabe que es tuya y reconoce tu huella ensalivada.
Nunca, nunca, nunca… los sueños habían sido tan claros, tan frescos y tan vívidos como éste en donde volvimos a ser aquellos que danzaban al mismo compás.
Y en este día de boleros, y en este amanecer de canciones, Antonio, Armando, Consuelito y toda la corte de cantantes y autores me llevaron a soñarte y amanecer como ya dije, de nuevo entre tus brazos fantasiosos.