Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de abril, 2010

Una descripción pirata

Siguiendo el texto que mi amigo Arturo me envió en donde enlista las diez cosas que prefiere, y no teniendo otra cosa qué hacer más que esperar a que el mugre virusito de alguna gripa galopante que decidió instalarse en mi cuerpecito decida decir adios, aquí va una lista no de las diez cosas que prefiero, sino de tooooodas las cosas que realmente disfruto y que hasta ahora no se me había ocurrido enlistar.
(Lo que hace un catarro galopante caray!)

1.- La sonrisa de mi hijo
2.- Los ojos del flaquirris
3.- La fuerza de mi madre
4.- La unión de mis hermanos
5.- Los artistas guapos e inteligentes (hay un par, de verdad)
6.- Las películas interesantes
7.- Los libros diferentes
8.- Las teorias reveladoras (sobre todo las sociales)
9.- La comida interesante
10.-Las grandes amigas apapachadoras
11.- Los grandes amigos solidarios
12.- La soledad (creo que sería el punto número cinco, pero me da flojera cambiar la numeración)
13.- Los amaneceres en compañía
14.- El sexo que parece amor
15.- El amor que se comp…

¿Cómo?

Y cómo cuidar la piel si se tiene tan expuesta
salir de mi enamoramiento si ya soy presa
mentir un sentimiento que sólo por ti siento
cómo frenar el impulso con el que me entrego.

Ya no hay marcha a tras, por ti muero
imposible seguir mientiendo, te amo
mi futuro incierto clama por ti, te quiero
mi pasado lejano te hace recuerdo, te anhelo.

Hoy te conocí y así nace este sentimiento nuevo y viejo
sólo una mirada furtiva, gesto distraido, circunstancia.
Apenas y cruzamos un par de palabras
y ya puedo decir: Te amo.

Epílogo a Ponciano

Observó sus manos arrugadas descansando en su regazo. Cada arruga le trajo un recuerdo, un recuento de vida, una historia pasada.
Las giró poco a poco y entre tanto escrutinio encontró aquellas marcas que nunca se borraron.
Cicatrices lejanas de cuando era joven, de ese tiempo en que ella, su mujer, sólo servía para nada.
Entre esas pequeñas cicatrices, imaginó encontrar aun rastros de sangre de la que fue su esposa y recordó vívidamente cada una de las golpizas que le fue propinando a lo largo del matrimonio. El llanto anegó sus ojos.
Entre sollozos le pidió perdón a aquella que le aguantó tanto y tan poco por tan joven que había muerto.
Cuando dio ese último aliento de vida entre lágrimas, ella lo había por fin perdonado.