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Lluvia de ciudad sin filtro

Madrugada de chubasco que golpea mi ventana. Me canta al oído, me susurra tu nombre. Tu sueño todavía se mantiene tibio entre mis sábanas y el fantasma de tu cuerpo sale de puntitas cuando clarea el día.
Sabes que la lluvia siempre me ha gustado recorriendo mis redondeces, anegándose en mis cuencos cada vez más extensos. Sólo tu, sólo la lluvia encuentran la belleza que hace mucho ni yo misma me encuentro y vuelvo a sonreír, y vuelvo a iluminar mis ojos con el brillo de los años perdidos, de la figura perfecta, del cuerpo que no tiene ningún dolor, ninguna molestia.
Me gustan los días lluviosos porque recuerdo y te recuerdo y me lleno de tu olor perdido ya en ese sweater que dejaste justo el último día que me inundaste, me llenaste de lluvia clara y lo dejaste porque así como la lluvia, de repente te fuiste, de repente escampaste.
Hoy llueve y tú, tú te volviste sol en tierra soleada.
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Fruta fresca

Los días calurosos provocan el antojo de una fruta fresca, jugosa, de esas que de tanto ver, oler, palpar se hace agua la boca.
La tienes, con timidez la tocas para no estropearla pero al mismo tiempo compruebas la firmeza de la pulpa gustosa que te incita al pecado, a la gula desbocada que te lleva a devorarla hasta el fin, hasta el hueso, hasta que no quede rastro de esa carne dulzona.
Disfrutas el primer mordisco, la segunda mordida se te escurre por las comisuras, la tercera te llena de placer pero al final del deleite te das cuenta que una nunca es suficiente.
Piensas ¿y por qué no? dos no es mucho placer, es apenas la recompensa por tanto esfuerzo de ir, comprar, sudar con la carga de lo adquirido, sufrir los apretones, malos olores y empujones de los demás compradores que buscan también matar el hambre.
Vas de nuevo, muerdes, desgarras, disfrutas, te engolosinas con ese deleite que da el fruto prohibido y no tan prohibido y sucumbes al placer de sus encantos.
Así una tarde en …

Entre vapores de olvido

Hoy sueño y te sueño, te tengo en absurdos, en situaciones irrealizables y en encuentros casuales imposibles.
¿Me piensas, estás conmigo sin estar en mí? Amanezco con la duda, con el sueño intranquilo, la cama revuelta y mi ánimo inconcluso.
Quisiera explicarte, que me confirmaras que efectivamente estuviste aquí, etéreo, disforme, intangible queriendo tú también tenerme contigo. Pero ya no estás, la distancia y el olvido nos ha alejado tanto que tu plano ya no es mi plano, tu mundo paralelo ya pertenece a otro universo distante en donde todo es diferente, eres otro, dejas de ser tu y yo me quedo aquí queriendo que sigas siendo parte de mi ahora, de mis desvelos, de mis ganas inconformes que con nada logran recordarte.
Hoy te soñé y espero tú me hayas soñado, al menos me hayas recordado y si nada de esto fue, que con mucha suerte hayas sido tocado con el viento de mi deseo y eso te haya removido un pequeño recuerdo.

Placeres 2018

1.- Soltera, treintona y fantástica.- Juana Inés Deesa
2.- Los reyes malditos. La loba de Francia.- Maurice Druon
3.- El laberinto de los espíritus.- Carlos Ruiz Zafón
4.- Matemáticas para las Hadas.- F.G. Haghenbeck
5.- Las hijas de Eva y Lilith. Conoce y sana a todas las mujeres que hay en ti. Elisa Queijeiro
6.- El instante amarillo.- Bernardo Fernández
7.- Cuando te hablen de amor.- Mónica Lavín
8.- Cuentos frágiles. Por donde se sube al cielo.- Manuel Gutiérrez Nájera
9.- Carmilla.- Sheridan Le Fanu
10.- Cuentos de amor.- Junichiro Tanizaki
11.- Vida y Milagros de la Crónica en México.- Sara Sefchovich
12.- Diablo Guardían.- Xavier Velasco
13.- El cerebro de mi hermano.- Rafael Pérez Gay
14.- Los reyes malditos VII.- Maurice Druon
15.- Balacera.- Armando Alanís Pulido
16.- México bizarro.- Alejandro Rosas; Julio Patán
17.- Muchachos que no besan en la boca.- Luis Aguilar
18.- Después del invierno.- Guadalupe Nettel
19.- Nahui Olin.- Adriana Malvido

Ojos de sol

Desde mi rincón favorito en esta casa escandalosa tan llena de niños, de sonidos, de melcocha embarrada por todos lados observo y recapitulo.
Tú y yo por fin pudimos romper nuestro silencio individual y volvernos uno al confesarnos que ya nos necesitábamos. Nos volvimos cómplices y después de muchos años de compartir vivencias, simplemente nos comprometimos legalmente y socialmente para poder vivir juntos. Sí, fue una boda espectacular.
No fue fácil, nacimos pobres y construimos sueños en bases frágiles que nos llevaban de un fracaso a otro descalabro, de no tener nada a tener menos, pero el tiempo y el amor nos sacaron adelante.
Y por fin, la estabilidad, y otra vez, la desazón; venían los hijos. A volver a empezar a conocernos de nuevo como padres y no como esposos.
Qué te puedo decir, hemos sido felices, no lo podrás negar, viviendo bien y a veces mejor pero ya sin ese estómago pegado de los primeros años porque hemos sabido salir adelante juntos…

Desde mi rincón favorito, en esta…

Y retumba en su centro la tierra

Confieso que he pecado pero sin arrepentimiento, con esas ganas que da la perversión de lo prohibido y que ponen en el rostro esa sonrisa de satisfacción culposa que nos lleva del cielo literal al infierno candente, donde despojados de prejuicios y ropajes absurdos las almas se hermanan y se llevan al hastío incansable.
Y lo confieso porque he de ser franca, ya no puedo seguir guardando este secreto que se me escapa por los ojos, por la piel, por el andar felino que ya se descubre desde que aparezco y arranca el consabido ¡Qué tienes que te ves radiante!
Y eres tú, con esa sonrisa angelical el que ha logrado esta metamorfosis inversa y me sacaste de mi condición de oruga verdosa insignificante y me convertiste en mariposa radiante multicolor.
Si el amor pudiera definirse, se llamaría charla, hermandad, descubrimiento, sorpresa, complicidad, adivinación, porque todo eso mueves dentro de mi ser y mente y así como me llevas a las inmensidades de los pensamientos profundos y contundentes…

Amanecí otra vez

Entremezclada en la inmensidad de mi cama vacía, hoy amanecí soñando con tu abrazo, con tus brazos; esos que alguna vez me prometieron albergue eterno y calidez gozosa. Recordé entre brumas las formas de tu cintura, potente y vigorosa que se acoplaba tan bien a la mía sin preámbulos amatorios porque de pensarme y de pensarte nos disponíamos sin necesidad de salivar.
Mi boca sigue sabiendo a tu boca y sabe dulce y amargosa, sabe a sangre fresca después de la mordida, pero también sabe que es tuya y reconoce tu huella ensalivada.
Nunca, nunca, nunca… los sueños habían sido tan claros, tan frescos y tan vívidos como éste en donde volvimos a ser aquellos que danzaban al mismo compás.
Y en este día de boleros, y en este amanecer de canciones, Antonio, Armando, Consuelito y toda la corte de cantantes y autores me llevaron a soñarte y amanecer como ya dije, de nuevo entre tus brazos fantasiosos.