Ir al contenido principal

Fui madre

Anoche me soñé pariendo y amamantando un hijo que ya no puedo tener. Era tan vívido el sentimiento, tan grande la sensación de tenerlo entre mis brazos que todavía tengo el aroma a infante incrustado en el cuerpo.

Sé que esto es imposible. Estoy consciente de que al entierro de mis entrañas sólo me acompañaron aquellos que en verdad lamentaron mi pérdida y que la experiencia sirvió para decantar a los verdaderos amigos de los fingidos oportunistas (hombres y mujeres). Sé que este pequeño que sueño es solo eso, un sueño sin padre.

¿De tener un hijo quién sería el padre? ¿Un amor profundo, un amante apasionado, un hombre cualquiera con buena carga genética?
Ya mi edad le pone riesgo a la empresa, mis canas ya no son prematuras porque el tiempo sigue su marcha. En caso de estar completa, no sabría qué padre le daría a un hijo mío porque me queda claro que un excelente padre no siempre es un buen marido.

Aun así, esta noche tuve un hijo, lo sostuve en mis brazos, bebió de mis pechos y me miró con sus ojos tristes y nuevos.

En mi sueño me sentí plena, en la vida real… también.

Comentarios

elisa lichazul ha dicho que…
yo solo alcancé a parir uno solo y ya tiene 19 años
hice mi duelo uterino con un poema
y es cierto , a este tipo de instancias no llegan todos los que dicen quererte sinceramente

un sueño y una quimera entre las sabanas del inconsciente dormido
deseos y ganas que se evaporan al llegar el alba


besitos y buen fin de semana NATA

Entradas populares de este blog

Me gustan los hombres de bigote.

He llegado a la conclusión de que me gustan los hombres de bigote. Creo que un buen mostacho tiene mucho qué ofrecer en una relación.
Hay bigotes anchos, otros delgados, pero todos hacen cosquillas al besar, segunda cosa que me encanta (los besos por supuesto).
Los bigotes niños apenas y despuntan, pero le dan cierto aire de madures al portador, los anchos y obscuros, me hacen pensar en un hombre serio, muy formal, los delgados me evocan, no se por qué, la imagen de un Don Juan empedernido, será porque Pedro Infante casi siempre portaba bigote escaso.
¿Pero qué es lo interesante de un bigote además del marco que le da al rostro del portador?
Como ya lo dije, de principio el beso, que se vuelve toda una experiencia erótica cuando va unido a un buen bigote, las sensaciones tan intensas que puede tener la piel cuando ese mismo bigote recorre con besos pequeños toda la anatomía, el sentir un suave rose en cualquier parte del cuerpo con esa escobetilla puede incluso ser el pase al cielo.
El big…

Carta apócrifa, que no espuria de Pedro Armendaris a Natalia la primera

Mi muy amada Natalita:

Discúlpeme lo tarde en que le doy respuesta a su último mensaje. No tengo una razón lo suficientemente de peso para no haberme aplicado a la tarea de darle respuesta pronta porque bien sabe que el saber de usted me mueve a querer correr a su lado y no nada más a dedicarle unas cuantas letras. También no le puedo mentir, me conoce hombre de ocupaciones absorbentes y el ser figura pública me hace desentenderme de mis otras actividades privadas que usted tan bien conoce. Pero me sabe ferviente admirador que soy de usted y de su persona y el tiempo se me hace eterno para poder sentarme y escribirle como usted se merece, con el corazón en la mano.

Porque de todos los habitantes del planeta sólo usted Natalita me conoce en el fondo y sabe de mis quebrantos, de este aferrarme a querer ocultar lo emocional que a veces me torno y que el personaje dista mucho del hombre sensible que soy en realidad.

Y así como me oculto sensible, también tengo que ocultar este amor tan in…

¿Jugamos a las muñecas?

Desde niña me gustaron las muñecas. No se qué extraña sensación protectora despertaban en mi que me hacían sentir la dueña de la situación y la que ponía las reglas cuando con ellas jugaba a la casita, a tomar el té o a bañarlas y cambiarlas. Las muñecas siempre fueron mi pasión y mi padre la alentaba regalándome una diferente, la más moderna, la más sofisticada o la más antigua en cada uno de mis cumpleaños hasta que llegué a los diez.
A partir de ese año, ni las muñecas nuevas ni mi padre volvieron a aparecer en mi vida porque decidió dejarnos.
A raíz de eso mi madre se volvió visible porque antes sólo era la que mantenía la casa limpia, la que me bañaba y arropaba por las noches y la que siempre estaba ahí como testigo silencioso de mis juegos. Nunca abrió la boca para decirme si me quería o no.
Del silencio pasó al abandono. Comenzó con un trago a media tarde para poder relajarse y conciliar el suelo, después uno en las mañanas para afrontar el duro trabajo de costurera que había ten…