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Placeres del 2013

1.- Suicidios ejemplares.- Enrique Vila-Matas
2.- Fernanda y los mundos secretos.- Ricardo Chávez Castañeda.
3.- Confesiones de una máscara.- Yukio Mishima
4.- Pedro Páramo.- Juan Rulfo
5.- Tampoco se trata de ser perfectas.- Fernanda Tapia
5.- 1554 México 2012.- Eduardo Matos Moctezuma
6.- Manual para enamorarse.- Mónica Lavin
7.- Todo lo que podríamos haber sido tu y yo si no fueramos tu yo yo.- Albert Espinoza
8.- Demasiado amor.- Sara Sefchovich
9.- Sostiene Pereira.- Antonio Tabucchi
10.- Mariana.- Inés Arredondo
11.- El fantasma de Canterville.- Oscar Wilde
12.- Cuentos de Edgar Allan Poe
13.- Génesis Apócrifo.- Alfonso Sánchez Arteche
14.- Nadie los vio salir.- Eduardo Antonio Parra
15.- Mis mujeres muertas.- Guillermo Fadanelli
16.- Gente como uno.- Hector Zagal
17.- El tiempo entre costuras.- María Dueñas
18.- El libro de Lloreda.- R.C. Castañeda.
19.- Manon Lescaut.- Abate Prévost
20.- Rebelión en la granja.- George Orwell
21.- Frankenstein.- Mary Shelley
22.- Crónicas y leyendas mexicanas.- Jermán Argueta
23.- Jane Eyre.- Charlotte Brontë
24.- La metamorfosis.- Frank Kafka
25.- Un médico rural.- Frank Kafka
26.- Barbleby, el escribiente.Una historia de Wall Street.- Herman Melville
27.- Benito Cereno.- Herman Melville
28.- Al faro.- Virginia Woolf
29.- Ficciones.- Jorge Luis Borges
29.- Luz de Agosto.- William Faulkner
30.- The Ice Palace.- Tarjei Vesaas
31.- El gato de Brasil.- Sir Arthur Conan Doyle

Comentarios

Edgar Paul Palacios Reyes ha dicho que…
pues el mio es Calculo Integral, Calculo Diferencial y Matemáticas Discretas :(
Natalia Olvera ha dicho que…
Bueno carnalito, además de los placeres, tengo Thinking again, Introducción al Derecho, Ética, Mercadotecnia y una más que no recuerdo. Pero esas son casi obligatorias, las otras son pura vanidad :D

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Me gustan los hombres de bigote.

He llegado a la conclusión de que me gustan los hombres de bigote. Creo que un buen mostacho tiene mucho qué ofrecer en una relación.
Hay bigotes anchos, otros delgados, pero todos hacen cosquillas al besar, segunda cosa que me encanta (los besos por supuesto).
Los bigotes niños apenas y despuntan, pero le dan cierto aire de madures al portador, los anchos y obscuros, me hacen pensar en un hombre serio, muy formal, los delgados me evocan, no se por qué, la imagen de un Don Juan empedernido, será porque Pedro Infante casi siempre portaba bigote escaso.
¿Pero qué es lo interesante de un bigote además del marco que le da al rostro del portador?
Como ya lo dije, de principio el beso, que se vuelve toda una experiencia erótica cuando va unido a un buen bigote, las sensaciones tan intensas que puede tener la piel cuando ese mismo bigote recorre con besos pequeños toda la anatomía, el sentir un suave rose en cualquier parte del cuerpo con esa escobetilla puede incluso ser el pase al cielo.
El big…

Carta apócrifa, que no espuria de Pedro Armendaris a Natalia la primera

Mi muy amada Natalita:

Discúlpeme lo tarde en que le doy respuesta a su último mensaje. No tengo una razón lo suficientemente de peso para no haberme aplicado a la tarea de darle respuesta pronta porque bien sabe que el saber de usted me mueve a querer correr a su lado y no nada más a dedicarle unas cuantas letras. También no le puedo mentir, me conoce hombre de ocupaciones absorbentes y el ser figura pública me hace desentenderme de mis otras actividades privadas que usted tan bien conoce. Pero me sabe ferviente admirador que soy de usted y de su persona y el tiempo se me hace eterno para poder sentarme y escribirle como usted se merece, con el corazón en la mano.

Porque de todos los habitantes del planeta sólo usted Natalita me conoce en el fondo y sabe de mis quebrantos, de este aferrarme a querer ocultar lo emocional que a veces me torno y que el personaje dista mucho del hombre sensible que soy en realidad.

Y así como me oculto sensible, también tengo que ocultar este amor tan in…

¿Jugamos a las muñecas?

Desde niña me gustaron las muñecas. No se qué extraña sensación protectora despertaban en mi que me hacían sentir la dueña de la situación y la que ponía las reglas cuando con ellas jugaba a la casita, a tomar el té o a bañarlas y cambiarlas. Las muñecas siempre fueron mi pasión y mi padre la alentaba regalándome una diferente, la más moderna, la más sofisticada o la más antigua en cada uno de mis cumpleaños hasta que llegué a los diez.
A partir de ese año, ni las muñecas nuevas ni mi padre volvieron a aparecer en mi vida porque decidió dejarnos.
A raíz de eso mi madre se volvió visible porque antes sólo era la que mantenía la casa limpia, la que me bañaba y arropaba por las noches y la que siempre estaba ahí como testigo silencioso de mis juegos. Nunca abrió la boca para decirme si me quería o no.
Del silencio pasó al abandono. Comenzó con un trago a media tarde para poder relajarse y conciliar el suelo, después uno en las mañanas para afrontar el duro trabajo de costurera que había ten…