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Epifanía de mujer

La revelación surgió desde el pasado sin tiempo, de una historia cotidiana, de una mujer que ama, amó y sigue amando.

La mujer ama con todo, con el cuerpo, con la mente y la pierde en el éxtasis, con hijos, sin ellos, sobre ellos. Es juzgada, colgada y apedreada cuando antepone el amos a todo lo que la rodea.

Esa mujer, la que ama, es el resultado de un corazón desbordado que se entrega a la desmedida, a querer borrar una historia en donde está instalada en un altar en donde no come, fornica, degusta. Ella misma tiene resacas, suda, huele mal cuando no se baña.

Es, ha sido y será la mujer que ama criticada, sacrificada, ultrajada y apedreada. La incomprendida y sin futuro.

Pero el tiempo ha marcado a cierto tipo de mujeres que siguen perviviendo a la mutilación del don prometido, a la inteligencia desdeñada no por ellas, por los que creen que unas curvas sólo son eso, unas curvas.

La mujer inteligente que ama se mide al tu por tu con su pareja, la cuestiona y la critica. Le extrae el mayor provecho con la entrega ciega pero degustada y ensalivada. Ella es el centro de su universo sin medida.

Por desgracia la mujer inteligente que ama siempre está sola porque el amor de entrega es uno, pero el de entrega consciente, ese exige demasiado. Más que amor, más que pasión, más que respeto, exige libertad de amar.

Hoy descubrí a las contadas mujeres inteligentes que se han enamorado a lo largo de la historia, y todas se han quedado solas, libres, eternamente enamoradas.

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