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Virgo

Decidió dejar su destino en manos de la tarotista. Ésta le dijo con la seguridad que lo leído en las cartas le contaba que se cruzaría por su camino el amor de su vida.
Éste vendría vestido de negro, con el cabello obscuro, barba cerrada, ojos grandes.
Que si bien no era muy alto, se compensaba con lo bien torneado de sus piernas. Que el pequeño sobre peso que tenía lo hacía más atractivo y que gracias a que eran almas gemelas vivirían felices el resto de sus días.
También su horóscopo decía algo muy parecido. La carta astral estaba en perfecta armonía para converger con ese amor eterno.

Se sentía segura de si misma, capaz de identificar a ese amor que toda la vida había esperado.

Y el día llegó. Los ojos se cruzaron, las sonrisas delataron el encuentro cósmico de las almas que sabiéndose gemelas sin haberse conocido ya sabían que eran la una para la otra...

Por desgracia, él era un escéptico de casi todo y no creía en astros, en adivinaciones y mucho menos en destinos.

Siguió su camino de largo y ella no supo qué hacer después de haber sentido cómo se le rompía el corazón, el destino, la adivinación y los astros.

El, efectivamente, era el amor de la vida de ella, pero por incrédulo, no la reconoció.

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