En la lagunilla

Soy una mujer de otra época que disfruta esta ciudad.
Hoy descubrí el hermoso tianguis de las pulgas en La Lagunilla y cientos de historias me llegaron a la mente al ver la infinidad de objetos con pasado que ahí se ofertan.
¿De quién fue ese mueble, cuántos comensales disfrutaron en esas vajillas, para qué ocasión especial utilizó la dueña ese vestido lentejueleado?
Cada objeto encierra una historia. En las puertas desmontadas, en los picaportes abandonados e incluso las llaves que ya no tienen una chapa en donde ser utilizadas me mueven los recuerdos y me traen a la memoria la vieja casa de mi abuelo.
¡Mira, mi tío tenía una funda para su cámara como esta! ¡Una máquina de escribir como las de la escuela! ¿Te acuerdas? Nosotros teníamos un montón de charolas de esa marca, de botellas de esos refrescos, de vasos con esos grabados.
Y poco a poco lo viejo se vuelve recuerdo y con un sentimiento de tristeza y de asombro, me doy cuenta que algunos de todos esos objetos para mi ya no son novedosos, ya no son viejos, ya no son usados. Ahora forman parte de mi pasado porque como aquel viejo View master que nunca tuvimos porque la pobreza imperaba en casa, pero que por supuesto que aprovechábamos cada que los vecinos nos lo prestaban, así ahora yo formo parte de un pasado que cada vez se va volviendo más lejano y la música y los objetos y los recuerdos, cada vez se van alejando, lento, pero con la seguridad de que llegará un momento en que mis actuales objetos de uso cotidiano, también serán piezas de museo para las nuevas generaciones.

Hoy me di una vuelta por mi pasado y me sentí feliz de recordar a todos los que ya se han ido.

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