Mi familia de a poco se me ha ido acabando

Al principio de los días de los que tengo todavía recuerdos, las ausencias parecían una consecuencia natural de una existencia cansada; mi abuelo Carlos.

La sorpresa cubrió nuestros rostros pero la cara de la muerte ya aparecía hacía muchos años en sus facciones. Mujer llena de vida, de sonrisa amorosa, de hijos muchos y manos que nos agarraban los cachetes regordetes, ella fue la más risueña pero también la que se acabó en un tris sin avisar; mi tía Chave.

Al poco tiempo una enfermedad, el recuerdo de la sonrisa franca, el olor, ese olor penetrante y que siempre me hace recordarlo, el aroma de cuero trabajado, la piel troquelada, las correas bien sujetas de las sillas de montar, cinturones y fundas de piel que hacía papá huesito ahí apartado en su taller de trabajo, lejos, muy lejos en un pueblo de nombre difícil de pronunciar y en donde también con su deceso, fue arrancado de su gente, de su terruño, de sus costumbres para venir a terminar sus días en esta ciudad caótica y que poco sabía quién era él; mi abuelo papá huesito.

Después todo fue una broma pesada que el destino nos jugó al saber que alguien tan parecido a nosotros ya no formaba parte de nosotros. Este nosotros ahora estaba cuarteado dividido y en la mente de nosotros adolescentes, no cabía la idea de perder a otro adolescente tan igual a nosotros; mi primo Felipe.

Más adelante la sorpresa y la tristeza se me alojó en el corazón mismo y mi vida se detuvo; mi soledad se volvió verdadera pero un sentimiento de alivio, no por mí, sino por él mismo que dejaba paso al descanso eterno y dejaba el sufrimiento de lado por una enfermedad que de a poco se lo fue acabando, fue el consuelo a este trozo de vida que se me iba; mi padre.

Una vez más el asombro nos llegó de repente, sentada en un restaurante me llega desde la línea telefónica la voz sin brillo de mi madre. La noticia que todos esperábamos pero que nadie admitía.
La que sirvió de molde para mi rostro. Ella parecida a mí y yo imitándola a ella. Llore y sola acudí a hacerle compañía porque mi hijo estaba muy pequeño; mi tía Pina.

Una vez más la tristeza nos llenó el alma pero en esta ocasión fue una tristeza esperada, mucho tiempo macerada, acumulada en infinidad de días de cuidad constante y en que por poco mi madre entrega también la vida. Pero no era el turno de mi madre, dadora de vida, sino para la madre de mi madre, dadora de otras vidas que hacía muchos años había ido acumulando y viviendo y perdiendo y llorado; mi abuela Pini.

Al poco tiempo, un año justo después, es el turno de la que más que una pariente política, se convirtió en una amiga, confidente, amorosa sonriente que me recibía con los brazos abiertos y la admiración por mi persona que aun ahora no entiendo porque no soy más que una mujer ordinaria, pero sus comentarios siempre me hacían sentir una mujer extraordinaria. Enferma pero resistente, recta en su actuar aunque su enfermedad no le dejaba erguir su andar un día sin más se cansó de todo y dijo adiós; mi tía Martha.

Hoy la noticia nos llegó justo al iniciar el año, aunque él nos dejó al terminar el anterior. Qué importa, si el hecho es que ya no está y que la familia que recuerdo en mi infancia ya nunca más será la misma.
Él, que adoptó a mi hermana como ayudante general. Que abandonaba la casa sin avisar por el simple placer de darle velocidad a su motocicleta y vivir la vida y sentirse libre, ahora está libre de verdad. Por fin ya no tiene límites y su rostro rejuvenecido pese a sus muchos años refleja la tranquilidad de un adiós que llegó en paz; mi tío Carlos.

¿Quién sigue en esta ruleta absurda? ¿A quién tenemos qué incluir en este recuento? ¿Será sorpresa, esperanza, deseo? ¿Quién querría dejar de ver a alguien o desear ya no verlo?

Hoy solo se que mi familia se está desgastando, que poco a poco somos menos de los que fuimos en el principio de mi memoria pero ahora somos más de los que antes tenía acumulados, pero aun así, la tristeza se renueva, el dolor de la pérdida es el mismo y el recuerdo de todos estos que no sabemos si están mejor o peor, nos va llenando los ojos de lágrimas por la ausencia que sentimos pero también nos preguntamos ¿quién es el siguiente?

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