La dieta

El tutú brinca y hace piruetas torpes todavía pero llenas de gracia sin intención.
Ella, con su carita de hastío, ya está cansada de la disciplina, pero como dijeron que tenía talento, se siente obligada a cumplir.
De mal humor sigue la clase.
No sabe que en el futuro será la primera figura. Pero también, que la maternidad le será negada, que la soledad y el hambre serán sus eternas compañeras, que sus pies no serán nunca bellos.
La niña, con el cuello estirado y la barbilla en alto, sólo sabe demostrar con la mirada su infinita tristeza y cansancio.
Hoy, hace ya varios días que tiene antojo de un helado. No lo ha podido probar por la dieta, y sólo tiene siete años.

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