Cuando la virginidad no es una virtud


Ella era virgen y no era que se sintiera particularmente orgullosa de su condición, simplemente nunca había tenido la oportunidad de estrenarse.
Así se había conservado por muchos, muchísimos años. Y tampoco era que no quisiera, mucho menos que no se le antojara, simplemente era una cuestión que todavía no se había podido resolver, como ella siempre lo había soñado.

Ese día fue como todos, aburrido, absurdo, incluso para ella nada alentador, ya que como muchas otras veces, ni siquiera el tiempo había alcanzado para darse una manita.

Así llegó la noche, luego la madrugada y todo ocurrió tan inesperadamente que de momento se le olvidó que hasta ese día, nunca había sentido las arremetidas del amor sobre ella.

El alcohol, la euforia ¿tal vez el amor? Quién lo sabe y a quién le importa. Los pliegues de desarrugaron, los amantes se entregaron en esa danza en donde la pasión, la entrega, las ganas y los cuerpos desnudos y deseosos se encontraron y ella dejó su virginidad e hizo del amor un acto de complicidad porque ese sería a partir de ese momento su secreto.

El sol se encontró con su igual y los iluminó esa mañana dándoles unas intensas ganas de más, pero la cordura los arrojó de los brazos del amor y ella simplemente se sintió plena, llena de eso que acababa de vivir y que por fin había experimentado por primera vez.

¿Y para qué otra cosa puede estar hecha una cama? si no es para servir de nido a los amantes apasionados.

Ellos, los amantes, celebraron gustosos el haber por fin cumplido la fantasía de hacer el amor en esa cama que, hasta ese día, se había conservado virgen.

Comentarios

elichazul ha dicho que…
hola nata!!!
FELICIDADES pa'este año
que los reyes te traigan mucha tinta:)

me gustó este relato, y me quedé pensando en esa idea de "virginidad" acaso la inocencia y el sentir puro y transparente no es una virginidad a pesar de los años y las experiencias??

me atrevería a decir que sí
pero quizá peque de ingenua:)

muakismaukis de lux

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