Ir al contenido principal

Diario. 15 de diciembre de 2010

Y bueno, se me podrían aplicar infinidad de calificativos después de tanta historia que sigo acumulando a manera de experiencia pero en este caso no vienen al caso porque éstos no son necesarios aun pese a la redundancia.
Porque si de redundancias hablamos pasamos a las redondeses y las mías que se acumulan me hacen sentir dichosa.
Y no porque crea o piense que este cuerpo es bello así, redondito, pofito, acumulado, sino porque es tanto y tan inmenso y esa inmensidad le da tal intensidad que sigo en esta bonhomía que me caracteriza repartiendo y compartiendo lo único que no me cuesta y que me sobra en grandes cantidades, poquitos de amor.
Aun así el amor verdadero, ese que es completo y llena y hace soñar, ese sigue latiendo tan intenso como el primer día y mi objeto de amor, pasión y deseo sigue haciendo esa química maravillosa que nos deja con necesidad de más aun y cuando el agotamiento nos quite las ganas, pero no la necesidad.
Y sigo hablando en presente y sigo hablando de nosotros porque hasta el día de hoy sigo pensando que ese a quien amo me adivina y lo adivino, sigo sintiendo que siente a la par y cada beso que le robo y cada caricia que le arrebato la siento mía y así, se que él siente lo mismo, o al menos finge muy bien jijiji.
En fin, el día de hoy y después de muchos días sin hacer de este diario mi diario vivir, puedo sentirme satisfecha y llena de vida de la vida de poca vida de ese que me entregó su vida, al menos momentánea y puedo asegurar que si no fue feliz con la felicidad que le he obsequiado, no fue porque me haya puesto mezquina con el obsequio, al contrario, pródiga en afectos y colmada de mieles como acostumbro para aquél que se atreve a ponerse atrevido conmigo, eso si, no se vaya a pensar que el atrevimiento es promesa de repetición, al contrario, casi nadie ha podido contar de ese privilegio.
Los años dan vida, pero cuando son escasos, también dan energía.

Comentarios