Mujer ejecutiva sabedora de lo que quiere y luchando todos los días por lo que no ha logrado, se desenvuelve como cualquier joven mujer de su época. Tiene treinta y dos años, un puesto de directora en una empresa importante, estudios de maestría y respaldados con dos idiomas que habla y entiende a la perfección. Vive sola y los fines de semana divide su tiempo entre las parrandas de la oficina y las visitas a sus padres a las afueras de la ciudad. Adora a sus padres, pero las cosas han cambiado mucho en esas visitas. Ambos ancianos y enfermos, nada más verla llegar, se suben al automóvil y parten a un balneario, a la playa cercana, a que les de un poco de sol y no atrofiarse. La casa, el hogar, queda siempre vacío. Por otro lado no tiene pareja, ¿Cómo hacerlo? Si sus largas jornadas de trabajo a duras penas le dejan tiempo para intercambiar información personal. Todo son cifras, proyectos, planeación y logística. Y los viernes de antro con los compañeros de oficina son imposibles. ...
Mis historias de todo y de nada