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Mostrando las entradas etiquetadas como amoroso

Cuando pase la pandemia

Él le dijo a ella que la vería cuando pasara la pandemia. Ella le dijo al otro que en cuanto hubiera condiciones de salud se reunirían para amarse. Ese otro le dijo a aquella que prometía visitarla en cuanto recibiera la vacuna. Aquella le dijo a otra que tenía muchas ganas de verla pero que había que esperar al fin del confinamiento. La otra ella le dijo a sus dos ellos que estaría bien una noche de pasión ahora que terminara el confinamiento. Ellos dos viven juntos y ya estan cansados de no poder ver a otros otros y otras otras... Y así el amor se pospone, la pasión espera, el amor a diario y sin obligaciones se agota y la pandemia está poniendo pretextos para acercarnos. ¿O será al contrario y de verdad todos tienen ese deseo de amar? Sólo los interesados saben.

Discurso lento

Hoy he querido escribir esta lentitud que me invade... pero ¿Cómo? Cómo se le da a la palabra pausa, cómo se resbala la voz que se lee, cómo languidece la lectura. Puedo describirme tumbada en mi sillón, mirando hacia la ventana, escudriñando el enorme árbol que sombrea mis tardes y obscurece mis madrugadas pero eso no es mi pensar en cámara lenta, no es esta sensación de vivir acaracolada en movimiento, como babosa que va del punto A al punto B en tres horas, como ese cuenco que se va llenando con la gota lenta pero incansable. Observo, pienso, recuerdo, añoro, me estiro poco a poco, no como gata, odio a los gatos, como yo sin prisa, como ésta que se despereza sin querer hacerlo. Hooooy teeee piensooooo y meeeee alentooooo paraaaaaa saboreaaaar tuuuuu recuerdooooo.......

Ojos de sol

Desde mi rincón favorito en esta casa escandalosa tan llena de niños, de sonidos, de melcocha embarrada por todos lados observo y recapitulo. Tú y yo por fin pudimos romper nuestro silencio individual y volvernos uno al confesarnos que ya nos necesitábamos. Nos volvimos cómplices y después de muchos años de compartir vivencias, simplemente nos comprometimos legalmente y socialmente para poder vivir juntos. Sí, fue una boda espectacular. No fue fácil, nacimos pobres y construimos sueños en bases frágiles que nos llevaban de un fracaso a otro descalabro, de no tener nada a tener menos, pero el tiempo y el amor nos sacaron adelante. Y por fin, la estabilidad, y otra vez, la desazón; venían los hijos. A volver a empezar a conocernos de nuevo como padres y no como esposos. Qué te puedo decir, hemos sido felices, no lo podrás negar, viviendo bien y a veces mejor pero ya sin ese estómago pegado de los primeros años porque hemos sabido salir adelante juntos… Desde mi rincón favorito, en...

Amanecí otra vez

Entremezclada en la inmensidad de mi cama vacía, hoy amanecí soñando con tu abrazo, con tus brazos; esos que alguna vez me prometieron albergue eterno y calidez gozosa. Recordé entre brumas las formas de tu cintura, potente y vigorosa que se acoplaba tan bien a la mía sin preámbulos amatorios porque de pensarme y de pensarte nos disponíamos sin necesidad de salivar. Mi boca sigue sabiendo a tu boca y sabe dulce y amargosa, sabe a sangre fresca después de la mordida, pero también sabe que es tuya y reconoce tu huella ensalivada. Nunca, nunca, nunca… los sueños habían sido tan claros, tan frescos y tan vívidos como éste en donde volvimos a ser aquellos que danzaban al mismo compás. Y en este día de boleros, y en este amanecer de canciones, Antonio, Armando, Consuelito y toda la corte de cantantes y autores me llevaron a soñarte y amanecer como ya dije, de nuevo entre tus brazos fantasiosos.

Aprendiendo

Lo miró desde lejos y comenzó a juzgar su presencia. Ya llevaban un par de meses saliendo juntos pero hasta ese día en que él la esperaba como siempre, y el semáforo se tardó un poco más, ella pudo observarlo así, sin que él se diera cuenta, sin comprometer la sonrisa forzada, sin esperar un trato amable. Él, indiferente, observaba a todos lados menos en la dirección en donde ella estaba. Una señora mayor con descuido derramó el contenido de su despensa en plena calle y él solícito se agacho a brindarle pronta ayuda. Terminada la tarea, siguió esperando paciente, sin sobresaltos. Ella quiso hacer un experimento, cambió el rumbo y se alejó incluso de la dirección por donde siempre llegaba para observarlo. Dejó pasar unos minutos sin llamarlo, quiso que la espera se volviera desesperante pero él, sin sobresalto, no hizo siquiera el intento de llamarla para reclamar su presencia. Pasado un largo tiempo, recibió ella el mensaje y al leerlo, observó su cara de franca preocupación pero n...

Cuestión de género

Cuando la conoció, quedó prendado de su presencia. Era la mujer ideal. Le dio caros obsequios, se la llevó de viaje, le hizo un guardarropa a su gusto (al gusto de él, por supuesto) y ella se dejó querer. La rodeó de lujos, le pagó el gimnasio, incluso el departamento, fue un mero trámite obligado. Ella, mujer inteligente, se dejó querer, recibió a manos llenas y sólo entregó un muy buen sexo en una muy buena cama que fue construyendo con detalles amorosos, cariñosos y que nada le costaban. Lo siento, perdón, he cometido una grave equivocación. Olvidé que en esta historia, ella no es ella, es un él, y él, por supuesto que no es un hombre, es una ella. ¿Acaso importa?

Nuestra historia

Esta historia se comenzó a escribir mucho antes de que existiera la escritura. Antes de todos los tiempos, de nuestra vida misma. Almas gemelas nos reconocemos y miramos hacia un mismo lado. ¿Pero qué lado es ese? ¿Acaso el mirar hacia el mismo lado nos está llevando a no mirarnos a nosotros mismo, a no encontrarnos? Tu eres todo lo que necesito, pienso y sueño. Quien por fin no derriba mi autoestima y me hace sentir grandiosa, incomparable, maravillosa y única. Yo soy todo lo que has soñado siendo únicamente para ti, alegre, divertida, fiel, confidente. Por desgracia este tiempo no es nuestro tiempo. Nuestro amor inigualable y más allá de las historias románticas todavía no está escrito porque somos tan iguales y tan diferentes que ambos miramos al mismo lado, pero todavía es un lado diferente. Pero ya no espero, ya no te espero. Eres lo que eres y llegarás cuando tengas qué hacerlo, y yo, necia y alocada, entregada y antigua, sigo siendo lo que soy pero sé que no aparecerás...

Santa inquisitiva

Abandonada y triste quedo sola en esta inmensa cama en la que la batalla ha concluido. Sólo las sábanas quedan como testigo de la cruenta lucha que hemos sostenido. El cuerpo adolorido resiente los golpes, las fricciones, las succiones que poco a poco van dejando el cuerpo amoratado. Soy víctima de tu vandalismo. Como cruel verdugo aplicaste una a una las cientos de técnicas de tortura que tu mente perturbada ha imaginado después de tantos años de deseo frustrado, de lejanía cercana, de mensajes y palabras que sólo lanzabas al viento. De improviso, abres la puerta de la ducha. Observo tus ojos refulgentes, me arremolino nuevamente entre las sábanas, únicas protectoras de este cuerpo avejentado y dolido. Vuelves a atacar a esta triste mujer sometida, vuelves a quitarme la vida. Y en esta muerte pequeña, una sonrisa masoquista asoma en mi rostro, estoy vencida.

Luz de luna

Hoy tuve unos deseos inmensos de sumergirme en las aguas de este lago y ser bañada por los rayos de la luna. Que dos luceros me contemplaran atrapados en mi cintura, mientras lago y luna inundan mi cuerpo de quietud, paz, tranquilidad. Los luceros se extienden y al alargarse, en dos poderosas manos se convierten, con las que me transportan, me elevan a las inmensidades del infinito y así, en este vuelo vulnerable pierdo el sentido del tiempo. Me dividen, me divides, una, dos, más subdivisiones, menos partículas y así, me conviertes en polvo de estrellas, en mínima materia, en parte de este cosmos en el que poco somos y nada valemos. La caída es inminente y con tu cuerpo protector, me envuelves y así amortiguas la nueva zambullida en estas aguas frías que poco merman el fuego que propició la fricción de nuestros cuerpos con la atmósfera. Nos sumergimos, nadamos, buceamos y salimos a dar bocanadas de aire y entre cada bocanada y cada resurgir nos sentimos en este doble vivir en...

Historia pospuesta

La primera vez, él la amó hasta el dolor. Era tanto lo que sentía por ella que cuando no la pudo tener, el dolor lo llevó a perderse de si mismo. La segunda vez, ella estaba sola, retomando la libertad que da el terminar con una historia compartida que sólo le dejó una baja autoestima, muchos sueños rotos y más desencantos amorosos. Él era casado y no pudo reconquistarla. La tercera vez él dio por terminada una vida llena de problemas, reclamos, pleitos. Pensó que siendo libre podría ahora sí, cumplir ese sueño tantas veces deseado. Ella ya amaba a otro. Cuando por fin se vieron solos, con los corazones maduros, los cuerpos intactos, las ganas confrontadas, lo intentaron. Ella le contó su historia, de sus males físicos y de salud, de lo mucho que amaba a quien había querido amar, de lo difícil que era olvidar pero también que sabía que eran muy afines y quién sabe. Él le confesó sus temores, lo mucho que la había amado y lo poco que todavía quedaba de aquello. Pero que ella s...

18 de Agosto

La vista era impresionante. La ciudad se rendía a sus pies nocturna, luminosa, llena de bullicio. Era sábado. Dudó y se lo dijo. Él a fuerza de argumentos derribó temores y con el acuerdo de las dos partes procedieron a releer el contrato en donde los puntos quedaban bien estipulados. Documentos comprobatorios, promesas a largo plazo, las asperezas se irían limando en el camino y la buena voluntad se expuso sobre la mesa con la seguridad de que ambos estaban conscientes de que a partir de ese día sus vidas tendrían que ser diferentes pero no por ello incómodas con ese nuevo contrato adquirido. Pidió los tragos correspondientes para tan importante negociación y la champaña llegó fría y burbujeante a espantar las pocas dudas que todavía les quedaban. Ahora, sólo quedaba poner sobre la mesa los bienes a invertir. Y pusieron y se desprendieron del vestido, la camisa, el pantalón y las medias. Ropa interior y objetos de valor también quedaron abandonados en medio de la lujosa habita...

Para una primera vez

La vos lenta del blues triste suena de fondo. Tus manos inexpertas recorren su espalda sin saber qué hacer con tanta dulzura, tanta ternura. Le dices que nunca había sido así, que las entregas anteriores con las mujeres anteriores sólo te salían de las ganas de inundarlas y saciar tus desahogos, vaciarte, consolar la falta de amor que sentías por ellas. Pero ahora es distinto porque tienes entre tus brazos a la mujer amada, a aquella que te ha desvelado por años, a quien idealizas sin tenerla y acaricias sin tocarla y penetras en sueños. Ahora la tienes aquí, toda tuya dispuesta a mostrarte un mundo que no conocías, el del amor y la ternura, no el del sexo sofocante. Tiemblas, la música sigue y tu tiemblas y no sabes si es de miedo o de deseo o de ternura. Pero el sofoco inunda tu calor y el sexo erecto reclama la conquista y no puedes reprimir tu instinto. -¡Mamacita, estás bien buena! ¿Y qué más puedes decir? Si así aprendiste a entregarte y reclamar la entrega, a poseer ...

Sí mi vida

El sudor le mojaba la frente y la respiración acelerada le retumbaba en los oídos. Instintivamente estiró el brazo para sentir en la penumbra el bulto a su lado y la suavidad de la tela lo reconfortó y le espantó los temores. La pesadilla era recurrente, la imagen de ella con los ojos clavados en la nada y sin poder atrapar el aire suficiente para continuar con vida. Al amanecer él, como todos los días, se alistó para salir a ganarse la vida, preparó desayuno, tomó una ducha rápida, tomó cartera, llaves, identificaciones y con un beso se despidió de ella como todos los días. Casi lo olvidaba. Deshizo sus pasos para regresar a la recámara y con todo el amor del mundo reacomodó el enorme almohadón que hacía más de cinco años, era su compañero de sueño. Volvió a tomar la foto entre sus manos, repitió el beso de despedida para su mujer ya fallecida esos mismos cinco años del sueño recurrente y con una sonrisa absurda, salió a seguir con su rutina. Esa rutina que había aprendido a ...

Virgo

Decidió dejar su destino en manos de la tarotista. Ésta le dijo con la seguridad que lo leído en las cartas le contaba que se cruzaría por su camino el amor de su vida. Éste vendría vestido de negro, con el cabello obscuro, barba cerrada, ojos grandes. Que si bien no era muy alto, se compensaba con lo bien torneado de sus piernas. Que el pequeño sobre peso que tenía lo hacía más atractivo y que gracias a que eran almas gemelas vivirían felices el resto de sus días. También su horóscopo decía algo muy parecido. La carta astral estaba en perfecta armonía para converger con ese amor eterno. Se sentía segura de si misma, capaz de identificar a ese amor que toda la vida había esperado. Y el día llegó. Los ojos se cruzaron, las sonrisas delataron el encuentro cósmico de las almas que sabiéndose gemelas sin haberse conocido ya sabían que eran la una para la otra... Por desgracia, él era un escéptico de casi todo y no creía en astros, en adivinaciones y mucho menos en destinos. Sigu...

Cambio de rol

-¡Déjame en paz! Tu bien sabías que lo nuestro era nada más un pasarla bien, una aventura sin complicaciones. ¿Y te vas a poner ahora en ese plan? Te lo dije y te lo advertí. No esperes nada de mí. Me caes bien, eres buena onda, pero yo no he aprendido todavía a ser de alguien. En la entrada del hotel en donde acostumbraban encontrarse, las miradas ojerosas por el desvelo de la noche chispeaban, una por pasión la otra por amor. Carolina se dio la vuelta y sin más dejó a Luis con el corazón destrozado y la propuesta en la boca. Ella, satisfecha sexualmente se alejó dando fuertes taconeos. Lo quería, pero sólo como amigo. El se llevó en la bolsa del saco el anillo de compromiso. La amaba incondicionalmente y no quería perderla.

Amor a mi

El amor nos torna ciegos y nos llena de deseos, aparece disfrazado de completud y poco a poco nos va quitando vida, libertad, existencia. El desamor nos pone absurdos, tristes y desvalidos, sufrimos por lo que tenemos, esa hermosa libertad de acción, pero no la disfrutamos, la sufrimos. La tristeza se instala en los huesos, nos va quitando visión, se instala en nuestra cama y ahí nos tiene atenazados. Nos cuesta trabajo respirarnos. Todos estos estados son por falta de caricia, de rozar otras historias, de saber de otras soledades. Y por fin encontramos a la eterna amante, a quien nos saca de todos estos sinsentidos, de estas banalidades que nada nos dejan y mucho nos cuestan en dinero, en atenciones, en entregarse. La soledad es el estado más satisfactorio del ser humano, siempre y cuando se sepa disfrutar.

Siempre es una cuestión de amor

Esto de las relaciones es algo altamente complicado, pero nuestro romance fue un amor a primera vista, de esos fulminantes. Yo nunca he sido lo que se podría llamar un ser ¿hermoso? ¿Qué macho se precia de serlo? Incluso dicen por ahí que mientras más feo más formal, y yo de formalidades se mucho. Pero mis ojos saltones no la espantaron y en cuanto me miró se prendó de mí, lo distinguí en su mirada radiante, en la sonrisa perfecta, en sus caricias disimuladas. Nos enamoramos y sin pensarlo un instante nos fuimos a vivir juntos. No me puedo quejar, ha sido la mujer más entregada que he conocido. Me tenía la casa impecable, mis comidas a tiempo, muchos mimos y por supuesto el baile nos encantaba. Ella me hacía girar y yo me divertía divirtiéndola. No éramos de esas parejas atosigantes que necesitan hacer todo juntos. Eso era lo que más me gustaba de ella, que respetaba mi espacio y yo la respetaba a ella y no me interesaba no verla durante el día. Pero las noches eran mágicas. ...

Porque sí

Habían pasado un fin de semana delicioso de esos que hacen época. Enclaustrados en esas cuatro paredes apenas descansando para comer en ocasiones, otras para dormir un poco pero las más la pasión hacía presa de ellos a lo largo del día. Ella lo amaba, él aparentaba hacerlo, pero entre la entrega y las ganas sus encuentros siempre eran así, increíblemente desgastantes. Salieron del lugar y caminaron del brazo, ella radiante, él gallardo. Las miradas curiosas los observaban porque de ambos emanaba un brillo poco usual pero atrayente. Cada uno tomó su transporte y a medio trayecto ella recibió la llamada. Acababa de llegar en viaje de negocios y era preciso verla en ese momento porque ya no tendría otro tiempo libre. ¿Qué hacer, cómo engañar-se-lo-nos? Un resorte se movió dentro de ella y no supo si fue la curiosidad, el querer comparar o un simplemente terminar felizmente ese fin de semana que todavía tenía algunas horas para concluir definitivamente. Se arrojó en los brazos del ...

Tal para cual

Él tenía un extraño padecimiento. Sufría dislexia amorosa, es decir, hacía una mezcla entre el sentimiento y la demostración de este. Digamos que una mujer le era completamente indiferente. Supongamos que incluso sentía cierta antipatía por ella. Pues bien, comenzaba a acercarse y a hablarle, a llamar su atención, a enviarle mensajes constantemente y con ello lograba fastidiarla a tal grado que algunas incluso llegaron a levantarle actas por acoso. Así terminaban completamente alejadas de él. Pero si por el contrario la chica en cuestión le atraía, eran compatibles intelectual y sexualmente y se sentía compenetrado. Se alejaba, se volvía callado y arisco, no tenía ni la más mínima atención en llamarle o saber de ella, mucho menos expresarle con palabras todo ese sentimiento que tal intimidad le provocaba. Un día de tantos encontró al amor de su vida. Ciertamente era una joven extraordinaria, llena de brillo, inteligente sin caer en el aburrimiento y bien formada sin llegar a la...

Marte y venus

Hace mucho tiempo que no sentía estas ganas tan poderosas de coger con una mujer. Y no es que no sintiera ganas, ¿me explico? Porque quién se resiste ante un buen par de tetas que pasan en ese momento por la calle ¡Quién puede! O una piernas bien torneadas que distraídamente se suben a una banqueta dejando al descubierto un infinito que se antoja penetrable. O unas nalgas amasables que con un corazón perfectamente diseñado invitan a la cabalgata. ¡Ah, cuántas veces a lo largo del día observo y sueño con las mujeres deseables que se cruzan en mi camino! Pero unas ganas tan intensas como las que he sentido por ésta, la necesidad de acercarme y sonreírle, de descubrir el tono de su voz haciéndole una pregunta absurda, de distraídamente rosar sus senos y después de la intrepidez darme cuenta que le gusta y le gusto y que habiendo derribado la muralla del anonimato, preguntarle su nombre, teléfono, ocupación, no sé, simplemente saber quién es ella. Invitarla a cenar y terminar cabalg...