Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como pasión

Fruta fresca

Los días calurosos provocan el antojo de una fruta fresca, jugosa, de esas que de tanto ver, oler, palpar se hace agua la boca. La tienes, con timidez la tocas para no estropearla pero al mismo tiempo compruebas la firmeza de la pulpa gustosa que te incita al pecado, a la gula desbocada que te lleva a devorarla hasta el fin, hasta el hueso, hasta que no quede rastro de esa carne dulzona. Disfrutas el primer mordisco, la segunda mordida se te escurre por las comisuras, la tercera te llena de placer pero al final del deleite te das cuenta que una nunca es suficiente. Piensas ¿y por qué no? dos no es mucho placer, es apenas la recompensa por tanto esfuerzo de ir, comprar, sudar con la carga de lo adquirido, sufrir los apretones, malos olores y empujones de los demás compradores que buscan también matar el hambre. Vas de nuevo, muerdes, desgarras, disfrutas, te engolosinas con ese deleite que da el fruto prohibido y no tan prohibido y sucumbes al placer de sus encantos. Así una tarde ...

Y retumba en su centro la tierra

Confieso que he pecado pero sin arrepentimiento, con esas ganas que da la perversión de lo prohibido y que ponen en el rostro esa sonrisa de satisfacción culposa que nos lleva del cielo literal al infierno candente, donde despojados de prejuicios y ropajes absurdos las almas se hermanan y se llevan al hastío incansable. Y lo confieso porque he de ser franca, ya no puedo seguir guardando este secreto que se me escapa por los ojos, por la piel, por el andar felino que ya se descubre desde que aparezco y arranca el consabido ¡Qué tienes que te ves radiante! Y eres tú, con esa sonrisa angelical el que ha logrado esta metamorfosis inversa y me sacaste de mi condición de oruga verdosa insignificante y me convertiste en mariposa radiante multicolor. Si el amor pudiera definirse, se llamaría charla, hermandad, descubrimiento, sorpresa, complicidad, adivinación, porque todo eso mueves dentro de mi ser y mente y así como me llevas a las inmensidades de los pensamientos profundos y contundent...

Día de fiesta

Llegué todavía con el polvo en los zapatos. Las calles adornadas de papel de china, los chiquillos limpios con sus ropas nuevas, las mujeres casaderas con esa sonrisa de esperanza al saber que ese día, sería su día de conquista. La alegría me invadió, el cansancio simplemente desapareció del cuerpo y con paso rápido casi corrí al hogar. Abrí la puerta y el silencio me recibió con los brazos abiertos. Nuestra sala, nuestro comedor, nuestra recámara, todo intacto como aquél día. Grité su nombre y me dolió el pecho. Lo busqué en todos aquellos rincones de la casa en donde la pasión nos sorprendió desprevenidos. Miré debajo de las camas por si aquella fobia de sentirse sorprendido seguía persiguiéndole. Dejé la valija en la cama y soportando ese viejo rechinido que tantos recuerdos me traía, me senté a pensar. Y ahora, ¿qué hacer? Yo con tantas ganas de soprenderlo y el nuevamente me sorprendía. La puerta se abrió de repente y un par de risas desenfrenadas llenaron la casa. C...

Coleccionista

Desde muy joven se distinguió por ser el chavo más popular del colegio. Con sus ojos obscuros, las enormes pestañas negras tupidas, los labios gruesos y mordibles hacía suspirar a las chiquillas de la secundaria en donde se desempeñaba como pésimo estudiante pero como excelente conquistador de corazones. Y es que físicamente no era una maravilla, delgado, hombros muy angostos y piernas largas que por lo delgadas parecían romperse, pero era su mirada la que las atrapaba y con una sonrisa caían rendidas. Un día de tantos descubrió a una chiquilla que había pasado inadvertida para sus dotes de conquistador, y no es que no tuviera encantos conquistables. Era una niña común y corriente pero descubrió con sorpresa que su sonrisa era cautivadora. Cuando las miradas se encontraron, el mundo se detuvo a su alrededor. Los ojos verdes de ella contrastaron con los ojos negros de él. El pasado que ella contaba con aquellas pestañas inmensas y curveadas invitaban sin decirlo a aquellos hoyuelo...

Verborrea

Abrazo que acintura y ciñeinvita Caricia desnudante de etereidad escondida Beso intromisente, violentivo, intimante Excitación pseudo castrarubórica Pasión efectoefervecente, humedointensa Sexo a posteriori amoroso En fin, lujuria que no significa nada.