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Atrevida

Estaba cansada, terriblemente cansada y el agotamiento era lo que la mantenía absurdamente despierta. Fastidiada con su trabajo. Aburrida de su marido. Demandada por los hijos como si ella fuera la única que sabía cómo resolverles las tareas, los olvidos, las necesidades, la vida. Indiferente ante los reclamos de sus viejos padres que llamaban siempre para recordarle lo mala hija que era por no visitarlos y por supuesto, a esta llamada llegaban las de sus hermanos, hombres todos, que le exigían mayor atención. Y eso que cada quince días, sin falta, acudía a ver si no necesitaban nada. ¿Cómo era posible que siendo ella la única mujer no los visitara más seguido? Era de esperarse, ellos no tenían tiempo para hacerlo porque eran hombres exitosos y ocupados, para eso estaba ella que era la mujer. Su jefe la seguía acosando y a la falta de una respuesta satisfactoria para él le exigía más, no sabía ella si esperando que renunciara o esperando a que accediera. Los muchos años que llevab...

Súplica

Pidiendo un favor escribo, que no se me tenga compasión. Mis ojos no se plagan de llanto, mis desvelos no existen, no estoy muerta en vida, no suspiro de amor. Con ojos acusadores, buscan al culpable de mi soltería, ese culpable no existe, si acaso, soy yo misma la única responsable. Y no es porque la entrega no haya sido completa y plena, y mi ser y atención hayan sido para un él que existió, ese no es el punto. Creo que si somos capaces de amar, también deberíamos ser capaces de alejarnos cuando el amor es tanto que nos olvidamos de nosotros mismos y entregamos y entregamos. Así que la única responsable del desamor soy yo misma por mis ganas de ya no dar, de simplemente querer recibir. Por eso alejen las miradas violentas, los reclamos injustos, las ganas de proteger a la amiga y salvar a la solterona. Solo en mi existe este caudal de amor tan grande que satisfecha y feliz, lo confieso, lo sigo conservando para mi, para mis ensueños, en mis madrugadas insomnes y en mis despertar...

Amor a mi

El amor nos torna ciegos y nos llena de deseos, aparece disfrazado de completud y poco a poco nos va quitando vida, libertad, existencia. El desamor nos pone absurdos, tristes y desvalidos, sufrimos por lo que tenemos, esa hermosa libertad de acción, pero no la disfrutamos, la sufrimos. La tristeza se instala en los huesos, nos va quitando visión, se instala en nuestra cama y ahí nos tiene atenazados. Nos cuesta trabajo respirarnos. Todos estos estados son por falta de caricia, de rozar otras historias, de saber de otras soledades. Y por fin encontramos a la eterna amante, a quien nos saca de todos estos sinsentidos, de estas banalidades que nada nos dejan y mucho nos cuestan en dinero, en atenciones, en entregarse. La soledad es el estado más satisfactorio del ser humano, siempre y cuando se sepa disfrutar.

Soy Natalia y soy hablólica

Me llevó algo de tiempo entenderlo pero hoy descubro y acepto que soy hablólica. No sé qué tanto sea dañina esta condición para mi salud emocional o para la estabilidad mental de los que me rodean pero si en algo ayuda y sirve de disculpa, que me perdonen todos, hablo y hablo y hablo y hablo. Pero lo afortunado del descubrimiento es que lo observé justo en el momento en que esta enfermedad ya estaba claudicando, vencida por la falta del caldo de cultivo que la motivaba y la alimentaba y cansada de no ser utilizada. Sí, soy una hablólica pero esto se está terminando y vuelvo a mis raíces en donde sólo imaginaba cosas, me las contaba y las encontraba interesantes y divertidas. Esto es porque cada vez hay menos alrededor que quieran escuchar, que sepan replicar, que atiendan al reclamo y protesten las tonterías que de mi boca salen. Hoy me declaro hablólica justo en el momento en que ya no tengo nada qué decir a nadie.

Terruño

Nuevamente regreso a mi tierra y me siento en lugar seguro. Recorro los valles escalo los montes y sé que este es mi lugar. Todo ha cambiado, los años han pasado, pero es aquí, justo aquí en donde me reconozco y me descubro, en donde soy sin caretas y con quien mejor me encuentro. Respirando el aroma familiar que me lleva a la infancia pero me ubica en mi presente la serenidad me inunda. Saboreando lento y sin prisa voy llenando todos los sentidos de mi, dejando que cada papila se deleite, dejando a la piel recordar, recordarse, aspirando aromas propios, siendo una con la esencia. No hay nada como estar en casa.

Como hace quince años

Y se repite la misma historia en donde tu eres el conquistador y yo la conquistada. Mi tiempo nunca ha sido nuestro tiempo, mi historia sigue estando lejos de tu alcance pero insistes en conocerla, en atraparla y hacerla tuya. Así me pones nuevamente en esta antigua encrucijada en donde sólo atino a hacerme la misma pregunta de antaño ¿qué hacer? La vida nos lleva al mismo punto pero ni tu eres aquél ni yo soy la misma. En fin, que pese a haber crecido, me sigo haciendo la misma pregunta ¿qué voy a hacer contigo?

En una tarde de verano

Hacer el amor contigo es un venirse sin sentido Es depositar tu esperma muy en el fondo mío Es mar de caricias que no aquietan ni excitan Sólo amasan las carnes y las dejan insensibles Carrera febril en donde el único ganador eres tú, avalancha de espasmos que te son exclusivos Cuando hacemos el amor tú me penetras, me posees, yo en todo este espectáculo unidireccional solo soy mera espectadora sin sentido bulto sin identidad, mujer sin motivo Hacer el amor contigo me quita mis aires de grandeza, me vuelve piedra, objeto, cosa sin motivo. Tú coges, yo solo observo, miro y me entrego sacrificio absurdo que me quita el sentido. Al final, sólo sonrio.