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Labios de miel

No me lo propuse, ni siquiera lo había pensado, pero al verte en ese ambiente, así, a media luz, con nuestra música favorita de fondo porque nos adivinamos contemporáneos y afines en gustos escuchativos, algo nos fue acercando. ¿El deseo, el hastío o tal vez el desengaño y desencanto de amores pasados? No lo se pero así de cerca, tu boca se me antoja mordible, acariciable, besable hasta el cansancio. ¿Por qué no dejarme inundar con tus besos si ya has llenado mi alma con tus palabras? Esas que me regalas día a día al oído cuando con tiernas frases me saludas por la mañana, me acompañas por la tarde y me das las buenas noches. Compañeros de trabajo, la circunstancia nos obliga a saber que ahí estas tu y que aquí estoy yo, cada uno ocupando un extremo de la línea telefónica sin habernos nunca conocido en persona. Quiero tus labios así, callados, latentes y húmedos para devorarlos y sangrarlos, los quiero poseídos y posesos en esta entrega de humedades que es solo eso, una entrega pospues...

Hoy voy a cambiar, o de la lipo de lupita.

Hoy me dieron ganas así de repente, de caminar por la calle y en cualquier esquina sentirme invadida de tu aroma. Tener qué voltear a encontrarte y en ese encuentro reconocerme en tu mirada. Reconocerme y reconocerte y así sin palabras con nuestras historias precontadas, prevividas, preunidas, tomarnos de la mano y sonreír por la coincidencia. Y así tomados de la mano seguir caminando y dirigir esos pasos al lugar más íntimo en donde podamos descubrirnos y reconocernos, inventarnos y explorarnos y así, en ese safari de piel y sabores, de gustos y olores, simplemente amarnos. Amarnos sin descanso hasta que la noche nos desgaste y el día nos ilumine. Sentirnos aun más uno y que el sexo deje de ser sexo entre desconocidos para volverse este hacer el amor entre entendidos. Y así, haciendo el amor rematar el día, yo dormida en tus brazos protectores, tu cansado enredado entre mis mechones suaves y sedosos sabiendo que este encuentro se repetirá una y mil veces. Hoy me dieron ganas, no se po...

La pérdida de la inocencia

No se qué fue más doloroso, si descubrir que el mago realmente no hacía flotar a la chica por los cielos o descubrir a mis padres poniendo los juguetes en mis zapatos el día de Reyes. O si fue el descubrirme a mi misma sonriendo divertida fingiendo que realmente ambos me engañaban y creer que esa alegría era genuina. No se qué me dolió más, si descubrir la realidad o aprender a mentir.

Triste discapacidad

Cuando nuestros ojos no puedan ver, nos vamos a reconocer con las manos y así tocaré tus labios y sabré que eres tú, sentiré las ondas de tu cabello y éstas serán las que siempre han sido mías, recorreré tus contornos, imperfecciones, pliegues y protuberancias y sabré que eres tú a quien siento, a quien veo. El día en que el sonido ya no pueda penetrar nuestros oídos y la sordera se apodere de ambos, haré una sinfonía con las vibraciones de tu cuerpo. Tomaré la batuta de esta rítmica melodía y con los cuerpos entrelazados cada estremecimiento será una nota, los sudores serán acordes, las oleadas compases rítmicos que nos acercarán y sabré y sabremos que nos escuchamos. Si la voz nos abandona, y un día así de la nada sólo el silencio sale de nuestras bocas, te miraré extasiada por horas, me encontraré en lo profundo de tus ojos tristes y con esta mirada me contarás tu pasado y me perderé en este presente escuchando sin sonido tus historias. Te miraré en el clímax y sabré que es a mi a q...

Esto es el amor para mi.

Cuando la virginidad no es una virtud

Ella era virgen y no era que se sintiera particularmente orgullosa de su condición, simplemente nunca había tenido la oportunidad de estrenarse. Así se había conservado por muchos, muchísimos años. Y tampoco era que no quisiera, mucho menos que no se le antojara, simplemente era una cuestión que todavía no se había podido resolver, como ella siempre lo había soñado. Ese día fue como todos, aburrido, absurdo, incluso para ella nada alentador, ya que como muchas otras veces, ni siquiera el tiempo había alcanzado para darse una manita. Así llegó la noche, luego la madrugada y todo ocurrió tan inesperadamente que de momento se le olvidó que hasta ese día, nunca había sentido las arremetidas del amor sobre ella. El alcohol, la euforia ¿tal vez el amor? Quién lo sabe y a quién le importa. Los pliegues de desarrugaron, los amantes se entregaron en esa danza en donde la pasión, la entrega, las ganas y los cuerpos desnudos y deseosos se encontraron y ella dejó su virginidad e hizo del amor un a...

Una apuesta a cara o cruz, y la moneda cayó parada

El riesgo de perderte no estuvo en haberte dicho que me dieras tiempo, que necesitaba pensarlo, que comenzabas a hacerte necesario y tendía dudas. Tampoco estuvo en estas desesperadas ganas de saber si en verdad te amaba y si, descubrí que en verdad te amaba como a nadie he amado en la vida. Mucho menos el saber que lejos de ti tendrías la libertad de hacer y hacerle a todas tus amantes todas esas entregas de amor que en algún momento fueron mías, los besos que me diste ahora sería compartidos, las ganas que te inspiraba ya serían de otros cuerpos más jóvenes, firmes, delgados, diferentes, incluso amados. Todos esos riesgos los valoré, los medí, los puse en la balanza y tu ya sabes la decisión, me arriesgué a perderte. Pero lo absurdo, lo increíble, lo realmente hilarante de este riesgo de perderte, fue que en el camino nunca imaginaste que el amor, ese que siento por ti, de repente se hubiera quedado dormido y desde ese día hasta hoy nunca más lo pude despertar. Cuando te perdí, lo má...