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La fábula de la gallina Cleofas

La fábula de la gallina Cleofás o de los huevos casi sin madre. La gallina Cleofás estaba cómodamente instalada en su atemperado nido en donde con amor y entrega cuidaba de sus no natos 12 polluelos, pensando en nada y sólo dejando pasar las horas entre pestañeo y pestañeo y sólo esperando, esperando. De la nada (bueno, la nada era la mano del dueño del gallinero que tuvo la ocurrencia de conseguir otro gallo para pisar a las gallinas), apareció él, el gallo Armagedon con su imponente cresta y sus alas relucientes dominando el panorama y tapándole los ojos y el alma a la indefensa Cleofás. Ella no tuvo más remedio que admitirlo, Armagedon era su sueño hecho realidad, el gallo con el que siempre había soñado, el prototipo de semental que cualquier gallina de buena cuna hubiera querido tener entre las piernas. Se le dilataron las pupilas, las alas le temblaban, de repente sintió cosquillas entre las piernas y el guacal aunque ya en palabras galleniles, se dio cuenta que no era otra cosa ...

Gracias a Silvio por la inspiración.

Hoy el pesero se tardó el mismo tiempo que lo hace siempre. El chofer indiferente me recibió con un sonido gutural y así, sin siquiera voltearme a ver me devolvió el cambio. Me bajé en el mercado, compre verduras y un poco de fruta para pasar la semana, algo de sólidos (pollo, carne, pescado), y me doy cuenta que el mandado sigue tan caro como siempre. Volví a casa a pie para aprovechar las bolsas como peso y hacer un poco de ejercicio. Sí, me sigo dando cuenta que ya me hace falta activarme. Llegar a casa, guardar, levantar, sacudir, limpiar, prepararme para la salida. Todo está bien estructurado, todo sabe a cotidianidad, incluso ya me ducho con los ojos cerrados y he intentado vestirme sin pensar, sin saber qué ponerme y así, cerrando los ojos, solo vestirme sintiendo texturas para darme un poco de sorpresa. Salir, divertirme, platicar, intercambiar información, una confidencial y otra no tanto, disfrutar de los amigos y olvidar un poco. Nuevamente el regreso. Tarde pero segura esto...

¿Jugamos a las muñecas?

Desde niña me gustaron las muñecas. No se qué extraña sensación protectora despertaban en mi que me hacían sentir la dueña de la situación y la que ponía las reglas cuando con ellas jugaba a la casita, a tomar el té o a bañarlas y cambiarlas. Las muñecas siempre fueron mi pasión y mi padre la alentaba regalándome una diferente, la más moderna, la más sofisticada o la más antigua en cada uno de mis cumpleaños hasta que llegué a los diez. A partir de ese año, ni las muñecas nuevas ni mi padre volvieron a aparecer en mi vida porque decidió dejarnos. A raíz de eso mi madre se volvió visible porque antes sólo era la que mantenía la casa limpia, la que me bañaba y arropaba por las noches y la que siempre estaba ahí como testigo silencioso de mis juegos. Nunca abrió la boca para decirme si me quería o no. Del silencio pasó al abandono. Comenzó con un trago a media tarde para poder relajarse y conciliar el suelo, después uno en las mañanas para afrontar el duro trabajo de costurera que había t...

Son las ocho de la mañana

Son las ocho de la mañana, intento desperezarme y algo me lo impide, siento el hormigueo que en el brazo me ha causado la inmovilidad y mi primera reacción, como ocurre en estos casos es la esperada pregunta: ¿Dónde estoy? A mi lado ella respira tranquilamente y al sentir el movimiento sólo atina a reacomodarse en mi brazo cansado y seguir durmiendo tan plácidamente como supongo, ya tiene rato haciéndolo. A la altura de mi mano, esa otra también siente el movimiento y con una sonrisa enigmática se da la vuelta para acomodarse nuevamente pero sin despertar, y seguir soñando no sé con qué pero debe ser un sueño bueno porque la sonrisa no se borra de su rostro. La siguiente pregunta también es esperada: ¿Qué hice? Hago una recapitulación y todo me queda muy claro: Una reunión, varios amigos, unos llegan, otros se van temprano, otros llegan tarde y se despiden tarde y todo por el placer de festejar a la querida amiga que acumula trescientos sesenta y cinco días más a su existencia y la int...

Un diario de ti o de mi encuentro con los otros.

Día uno. Hoy me enamoré de ti. Te descubrí en un transporte público y me encantó ese timbre de voz tan especial con el que me recibiste, la manera tan maravillosa en que decías a todo el que abordaba la unidad: -Si, no, gracias, ¿a dónde va?- Simples frases que soltaste al azar y sin fijarte gran cosa en a quién van dirigidas. Por eso me declaro enamorada perdida, porque pese a ser sólo unos instantes en los que te escuché y a que después de ti fuiste otro en otro transporte pero con esa tan especial voz que enamora, me declaro loca perdida por ti aunque no sepa ni cómo te llamas, quién eres o donde vives, sólo se que te amo. Día dos. Hoy te descubrí en las líneas de un e-mail (correo electrónico), que un amigo me envía diariamente. Había escuchado de ti, pero mis tontos prejuicios no me dejaban acercarme lo suficiente para conocerte de cerca y leerte y saber de ti porque afirmaba tajante que la poesía no me gustaba. Hoy todo cambió, tus letras le hablaron a mis ojos, tus palabras mági...

Receta de amor sin culpa, o las galletas Anita sin chochitos

Ingredientes: Una mujer de mente abierta Un hombre que no sea machista. (Si se le dificulta encontrar uno fresco, puede conseguirlo congelado, aunque el resultado no es el mismo). Una buena dosis de deseo. La llamarada suficiente de la pasión para una sola noche. Un toque de perfume en ambas piezas de carne El recipiente adecuado para la preparación (de preferencia en donde la carne pueda tener amplitud porque tiende a expandirse). Deje ambas piezas de carne marinar durante 24 horas bañándolas constantemente de literatura erótica. Tenga mucho cuidado de que este marinado sea de la más fina cosecha, ya que si se llega a utilizar una de menor calidad, como la literatura meramente pornográfica, corre el riesgo de que el macho se pase de macerado y pierda sus jugos, lo que le da un toque medio de desencanto al guisado. Ya ablandados y en su punto, colóquelos en el recipiente que se ha elegido para preparar la mezcla y proceda a suavizar la carne con mucha paciencia. Recuerde que como toda...

De las succiones cardenales o cómo firmar sin pluma.

Tu nombre marcado cerca de la aurora, con letras de sangre las letras afloran boreal es la luz que en tus ojos asoma cuando en ellos descubro que existo, fui tu ahora. La pasión de ayer ha quedado guardada borrada, nublada, agota y cansada tu recuerdo de hoy etérea morada para no olvidarte y sentirme amada. Hace muchas lunas, más lustros ha de esto, cuando yo fui tuya y tu, sólo dispuesto hace tanto tiempo que ya no te veo que sólo me queda tu nombre en mi pecho. Y si en una esquina te encuentro de nuevo si nos conocemos, si estamos dispuestos que otra vez con sangre las letras afloren cuando tu recuerdo renazca en mi pecho.